
Todo comenzó en Bélgica, el sistema de alertas por posible riesgo para la salud pública detectó altas cantidades del insecticida en varias partidas de huevos.
Varias partidas de huevos procedentes de granjas belgas y holandesas
presentan un alto contenido en fipronil, que excede el uso por debajo
del cual no resulta tóxico.
El
producto que se usa para combatir los parásitos es tóxico pero además
está prohibido su uso en la alimentación. Tras saltar la alarma, la Comisión Europea pone en conocimiento del resto de países la situación.
A Bélgica y Holanda pronto se suman Francia y Alemania como países
exportadores de los productos contaminados. Otros países se han visto
afectados por el escándalo: Austria, Luxemburgo, Italia, Irlanda,
Eslovaquia, Rumanía, Suecia, Reino Unido, Dinamarca, Polonia, Suiza y
Hong Kong, República Checa y España.