
En los Estados Unidos, la FDA, el organismo encargado de garantizar la seguridad alimentaria de la población, es dirigido por “ex” ejecutivos de ex-Monsanto, lo cual supone un conflicto cuestionable de intereses y explica la falta de investigación de los gobiernos sobre las consecuencias a largo plazo de consumir productos transgénicos.
Gracias a la permisividad de FDA, los CDC, y la OMS, que son organismos de influencia mundial, muchos gobiernos del mundo tienen “excusas” para realizar pactos oscuros con Monsanto.
Los medios de comunicación desinforman sobre Monsanto, dado que el 96 % de los medios de comunicación mundiales comparten propietarios con Monsanto.